Cala Reona es considerada entre las ultimas playas vírgenes que se encuentran a lo largo de la costa del sur este de la península y últimamente, ha estado en el centro de una polémica por la decisión del Ayuntamiento de Cartagena de desproteger la zona revisando el PGOU aprobado en 1988, que considera el suelo no urbanizable de protección ambiental en suelo urbanizable.
El sendero arranca desde la playa de Cala Reona para llegar a las Salinas del Rasall, atravesando acantilados, lomas y barrancos, abriéndose a un espectacular paisaje lunar de una antigua explotación minera, siempre engrandecida por la vista aérea sobre el mar de Cala Reona, Cabo de Palos y de la playa de Calblanque que nos acompaña durante todo el itinerario. La zona, con la ayuda de las lluvias, es una explosión de vegetación y de colores: los azules, amarillos, violetas y verdes se mezclan con los grises, marrones y ocres de fondo.
Probablemente la verdadera explotación de la zona podría derivar del fomento de “otro” turismo, aquel que mueve una economía más duradera y sostenible (en la totalidad de su palabra) que esa del ladrillo.



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